martes, 13 de septiembre de 2011

El estado comparsa


Si hay una cuestión cuya responsabilidad ha sido siempre del estado desde su configuración en los tiempos modernos ha sido la de garantizar la seguridad de su ciudadanía. Además, sus partidarios, y los del capitalismo, han sido siempre defensores a ultranza de la propiedad privada (en realidad ya hemos visto que de la suya). ¿Entonces como es posible que el dinero de los ciudadanos no esté protegido por el estado y deba ser salvaguardado por entidades bancarias privadas? Es cierto que determinados ultra-neoliberales cercanos a una ideología que podríamos aproximar a la acracia más descarnada y salvaje (no confundir con el anarquismo) serían partidarios de privatizarlo todo, incluso la seguridad, sin embargo defender este concepto es una imbecilidad porque nos remite al feudalismo quinientos años después y puestos a volver atrás sería preferible hacerlo al paleolítico, donde los desequilibrios entre ricos y pobres eran inexistentes. Por lo tanto si nos quedamos con el sentido común y con una idea humanizada de la sociedad la práctica de los estados democráticos occidentales vilipendia y escarnece a los ciudadanos porque los ahoga en impuestos sin garantizar su seguridad, ni su educación, ni su sanidad. Y al parecer la conclusión podría ser que si bien el estado no va a desaparecer, si lo va a hacer en lo que refiere a sus responsabilidades fundamentales de consenso ciudadano para convertirse en un comparsa del caos, de la estafa y del crimen sistemático.

domingo, 5 de septiembre de 2010

“Esto cualquier día tiene que reventar”

Desayunando en una cafetería-panadería de cadena oía decir esto a una de las empleadas que se quejaba de la situación laboral actual; “antes te ofrecían empleos alternativos pagándote mas y ahora tienes que rezar para que no te echen”, además la mujer focalizaba (que raro!) toda su ira en los inmigrantes y no paraba de decir que si los españoles no se que que si los españoles no se cuantos, añadiendo a su discurso fantástico el remate de “si, si es que esto tiene que reventar algún día”. Cada vez hay más gente con ese deseo inconsciente en la mente, aunque evidentemente es un deseo estúpido, porqué si “esto revienta” lo más probable es que quien reviente seamos los más humildes, es decir que cuando se proclama el amen nadie sabe ni de que está hablando. Personalmente creo que uno de los problemas más graves es que por un lado nos han malcriado veinte años de vacas gordas y ya no tenemos paciencia ni para aguantar un determinado tiempo de estrecheces. No digo que no haya gente que lo esté pasando mal, pero es que quien lo está pasando peor son precisamente los inmigrantes, por lo que no deja de resultar paradójico que quien manifieste de forma más iracunda su frustración sea alguien que tiene trabajo y que tendrá más posibilidades de tenerlo que un inmigrante.


Por otro lado otra connotación lamentable, que cada vez me abruma más, es la de la mezquindad y pocas ganas de mirar hacía los problemas de frente que tiene la gente en general; es decir que los culpables no son los empresarios que han contratado durante veinte años a mano de obra de forma ilegal defraudando a Hacienda, a la Seguridad Social y reventando el mercado salarial, no son las entidades financieras que especulan en todos los sectores posibles y se forran monopolizando el sector inmobiliario, no son las multinacionales que se dedican a destruir empleo de forma sistemática, no, nada de eso, los culpables, atención: ¡Son los inmigrantes!, o dicho de otro modo; ¡Somos nosotros! ¿Porque quien no es descendiente de inmigrante a estas alturas?


No se exactamente que podemos o deberíamos hacer, pero está claro que el frente está ahí, delante de nuestras napias. Hay que priorizar en la pedagogía hacía esta gente que con tanta facilidad proclama la persecución hacía el más débil y se niega a mirar de frente a los problemas, gente mezquina y peligrosa de la que desconocemos sus límites, a la que tal vez nunca lograremos convencer de nada pero a la cual quizá conseguiremos moderar en sus discursos demagógicos, simplones y cobardes. La política no sólo es de altos vuelos, sobretodo lo es a pie de calle, y aunque es cierto que el poder se lleva la palma en culpabilidades, no es menos cierto que bastante gente humilde ha vivido inmersa en una filosofía fundamentada durante años en lo facilón, en atar perros con longanizas, en arrinconar escrúpulos con tal de trepar en la pirámide del consumo, en acabar creyendo que eran clase media o algo parecido negándose a reconocer su lugar en la escala social y a prepararse para el inevitable y previsible aterrizaje forzoso a la realidad.

martes, 1 de junio de 2010

Israel o la tragedia del idiota-criminal en el poder


Tras el ataque terrorista realizado por la administración israelí contra la Flotilla de la Libertad en aguas internacionales, y el asesinato de al menos 10 civiles, ha quedado demostrada cual puede ser la tragedia que un país tiene que soportar si su población comete el acto irreflexivo e imprudente de elegir en las elecciones a una mezcla de idiotas-criminales para gestionar las cuestiones de su estado. Bush, Blair y Aznar nos demostraron hasta donde puede llegar esta mezcla y los españoles lo vivimos en carne propia. Israel ya hace tiempo que encumbra en sus administraciones a personajes lamentables. Resulta paradójico que un pais tan desarrollado tecnológicamente coloque en el poder a destripaterrones sanguinarios, como si la cultura judía no hubiera dado a la mejor intelectualidad del mundo. Es un fenómeno que pone en entredicho el proyecto de estado israelí porque reduce la grandeza del pensamiento judío a algo ridículo, a algo que ni Rufus T. Firefly, primer ministro de Libertonia hubiera imaginado en la Sopa de Ganso de Groucho, con un añadido trágico y horrible; el asesinato gratuito y cobarde. La lista de genios de origen judío es inacabable, ¿Qué maldición ha caído sobre Israel para que sea gobernada por carniceros-imbéciles? Sabemos que la construcción de Israel no fue más que una operación colonizadora occidental que crecía bajo la sombra del oportunismo propiciado por hechos espantosos, pero Hanna Arendt y otros brillantes pensadores judíos hablaban de una transcendencia, del no asimilarse hasta llegar al horizonte de una humanidad universal, de la posibilidad de ser judío en otro estado-nación. Aunque ella ya no entendía demasiado bien en que consistía la creación de un estado judío, yo no tengo la intención de arremeter contra el origen de Israel, pero me pregunto que fatalidad hace que sus gobernantes sean cada vez más estúpidos y estén más limitados debido a lo que parece una fuga hacia adelante imparable que impide cualquier reordenación en las planificaciones de las cuestiones más cruciales. Israel se conduce a si misma hacia una vía muerta cuando se limita en aspectos de gran estrategia (acuerdos de paz, bloqueo de Gaza, asentamientos ilegales, relaciones con sus vecinos, cuestión de los refugiados...) y en un escenario tan estrecho, en el que por lo visto no cabe ningún acto generoso, no puede ser gobernada más que por imbéciles peligrosos. En la política no todo puede ser cálculo mezquino, debe haber generosidad, de otro modo el pez se muerde la cola y las cosas no pueden hacer más que envilecerse y degenerar.

miércoles, 26 de mayo de 2010

Hawking - Kurzweil; de sueños, de pesadillas


Los miembros de la especie humana siempre hemos encontrado asideros para justificar nuestra progresión imparable hacia la destrucción de la diversidad, hacia nuestra separación con el mundo, siempre hemos encontrado clavos ardiendo para justificar nuestra incapacidad para relacionarnos con el medio y para reorientar nuestra más que dificil proyección en el universo. Si alguien quiere descubrir una nueva teoría relacionada con este asunto puede visualizar este curioso video en el que Punset entrevista al científico amante de la ficción Kurzweil.

Sin embargo al tiempo que el imaginario humano reciente ha soñado con panaceas, movimientos continuos, piedras filosofales y otras soluciones definitivas, también ha imaginado la posibilidad contraria; el fin del mundo, cataclismos, juicios finales, invasiones extraterrestres... Esta es la faceta que defiende ahora Stephen Hawking.

Pero ante esta dicotomía Kurzweil-Hawking, en la cual al mismo tiempo uno propugna la expansión de la especie humana por el universo en base al avance exponencial en la gestión de la información y otros avances tecnológicos de vanguardia, y el otro plantea el peligro de que seamos invadidos y saqueados al viejo estilo de la colonización del continente americano, lo destacable es el asunto clave en común que para ambos parece ser un valor cósmico; la necesidad ineludible de expandirse, conquistar y saquear. Uno lo ve en pimera persona del plural y el otro en tercera persona del plural, pero ambos lo viven así.

Que los científicos de pro, amamantados por el poder, no pueden gestionar de forma sensata su contacto con el conocimiento, a mi no me cabe duda. El poder pivota sobre un sistema no inteligente, incapaz de planificar a largo plazo, incompetente en la gestión de recursos y es imposible que se haga con el servicio de auténticos sabios, porque los aliens ya estan aquí saqueando los recursos del planeta y son descendientes de los colonizadores de las diferentes Américas, y la gestión exponencial de la información no conducirá a nada humano si en lo humano no hay significado. Es mas que probable que haya otras formas de entender el mundo que no pasen obligatoriamente por el expolio, este es el gran reto que debería ocuparnos. Viajar a la velocidad de la luz para repetir lo que estamos haciendo en nuestro planeta es sencillamente quedarse en el mismo sitio, el verdadero viaje sería el de concebir una estrategia distinta que nos integre en el universo.

martes, 18 de mayo de 2010

El nuevo totalitarismo



Cuando cayó el muro de Berlín a finales de 1989 como es lógico hubo una mezcla de emociones y sensaciones. Yo mismo celebré el evento con una amiga alemana en la Plaza Real, aunque no pude evitar hacerle mención a las razones que habían dado pie a su construcción. Fui injusto, pero no me he dado cuenta hasta un tiempo más tarde, La Alemania nazi fue un producto en gran medida patrocinado por el capitalismo salvaje internacional, fue, como dice Zizek, "una reacción para evitar males mayores"; el comunismo por ejemplo. Hitler no fue un revolucionario, sino un cobarde que se alineó al lado del poder corrupto del capitalismo, pero era evidente que la caída del Muro y del régimen soviético significaba un paso adelante en la libertad y todos estuvimos contentos, yo también, pero otra duda que ahora toma una forma ominosa surgía al mismo tiempo. ¿Podría el mundo lidiar con un capitalismo sin contrapeso? Esta fue una reflexión generalizada, vox populi podríamos decir, y cuánta razón tenían aquellos no-pensadores, no filósofos, no intelectuales que veían venir lo que ahora sufrimos.

Al mismo tiempo muchos fueron los "pensadores" del establishment que aplaudieron sin condiciones todo aquella evolución histórica, la derrota del socialismo real por parte del capitalismo (siempre muy real, por cierto). Y quien más aprovechó esa victoria fueron las administraciones Reagan y Thatcher, de las que ahora recogemos los frutos podridos de sus prácticas neoliberales y terroristas. Los pensadores complacientes hicieron mención principal a los beneficios de la democracia, vinculada evidentemente al liberalismo, y fueron muchos los que levantaron la voz orgullosos contra los totalitarismos, y Popper y sus "sociedades abiertas" se pusieron de moda.

Hoy, veinte años después, todo toma una forma siniestra, que muchos ya preveían. Una sociedad en la que el trabajo es castigado de forma totalitaria en beneficio de la especulación, en la que el precio de la vivienda se establece de forma totalitaria por los especuladores, en la que se trafica con personas de forma totalitaria, en la que los delincuentes organizados en instituciones financieras provocan crisis, saquean el erario público y ejercen el chantaje contra los gobiernos elegidos de forma democrática (precariamente democrática pero democrática). El totalitarismo es no poder comer productos libres y sanos porque un reducido grupo de distribuidores se apoderan de los recursos alimentarios mundiales, se apoderan de la tierra y manipulan las semillas, el totalitarismo es estar obligado a consumir energía de forma excesiva y a un precio abusivo no pudiendo obtenerlo de forma descentralizada, es estar obligado a pagar una hipoteca exorbitante para disfrutar de un techo, o no tener opciones de transporte público y tener que comprar un motor con ruedas para ir a trabajar, es no poder ejercer el trabajo de una forma libre y estar obligado siempre a alquilarse a un patrón que suele ser un ladrón y un parásito, o ir a votar y encontrar que sólo se puede votar a dos opciones: una la de un partido que cederá ante las presiones de las mafias parasitarias o la otra a un partido que las representa directamente. El totalitarismo es tener la obligación de tener las ganancias de tu trabajo en un banco donde te cobran por guardar lo que el estado tendría que proteger, o totalitarismo es que la propiedad privada sólo lo sea de los poderosos y que uno no pueda dejar atada la bicicleta en un árbol bajo riesgo de que se la roben los ladrones legales o los ilegales, totalitarismo también es tener un cuerpo judicial ineficaz y corrupto.

Y este totalitarismo no acaba aquí, va más lejos, y llega a Afganistán e Iraq, porque totalitarismo es tener que pagar o soportar guerras terroristas llevadas a cabo por los sediento intereses de los grupos oligárquicos parasitarios internacionales. Es un totalitarismo orwelliano que no puede funcionar sin guerra, y tiene que inventarla o facilitar que se encienda para funcionar. En España ya empezamos a vivir con más intensidad cada vez el nuevo totalitarismo del capitalismo salvaje, un modelo de funcionamiento criminal que se aplica en todo el mundo con diferentes intensidades desde la caída del muro (antes también pero no con tal saña), y que se ha aplicado con la ayuda y la coordinación de múltiples mecanismos, organismos multinacionales como el Banco Mundial, el FMI, herramientas como los poderes mediáticos, grupos de dominio como las oligarquías de cada estado-nación, presiones ejercidas por las multinacionales, recursos tecnológicos suministrados por la ciencia, instrumentos ideológicos de todo tipo con una multitud de charlatanes-escritores que han pasado los últimos veinte años vendiendo las excelencias del libre mercado, o ejércitos mastodónticos incapaces de evitar masacres como la de Grandes Lagos, o como la de Srebrenica, pero siempre dispuestos a bombardear inteligentemente a población civil.

domingo, 16 de mayo de 2010

Votar y no-votar, las dos opciones inútiles


Un reflujo de podredumbre corre por encima nuestro a nivel internacional, los llamados “mercados” se han convertido en la entidad totalitaria que muchos ya vaticinaban. Las democracias occidentales se han acabado de transformar en una bufonada desagradable. La principal función de la política parlamentaria, que es la de decidir como se distribuye la riqueza o la pobreza entre la ciudadanía, ya es cosa de organismos supranacionales jamás votados por nadie, y ahora los políticos (excluyendo a aquellos del Partido Podrido que siempre han tenido claro su espacio corrosivo) deberán buscar en su restringido mercadillo de las ideas cosas que ofrecernos para entretenernos; selecciones nacionales, peleas por el agua, prohibiciones de toros, ensañamiento con los inmigrantes,  banderas e himnos esperanzadores, baratijas políticas o recursos locales aun no interesantes para los “mercados”. Lo que importa ha quedado en manos de la comunidad de incompetentes, delincuentes y mediocres que lideran esta cosa llamada “mercado” barnizado con el palabro liberal, una cosa que se lo traga todo a una velocidad vertiginosa, más propia de un agujero negro. La humanidad ha quedado al azar de las ficciones de la economía, de ideas irreales como el dinero que se convierten en reales por la fuerza y por medio de la violencia, del mismo modo que cualquier cosa puede ser real para alguien sometido a la tortura. Vivimos una época de golpismo e involución mundial, que en España se ve particularmente “enriquecida” por nuestros propios desafectos a la democracia, aquellos que protegen a corruptos, que de hecho fomentan la corrupción y el sálvese quien pueda,  aquellos que impiden a familias reencontrarse con sus asesinados, aquellos que sólo tienen una idea; alcanzar el poder y utilizar lo público para enriquecerse furiosamente a cualquier precio. Votar nunca fue tan absurdo, y no votar nunca fue tan útil por ejemplo para el Partido Podrido; es lo que tienen los “mercados”; intentan ocupar todo el espacio existente ahogando cualquier opción consiguiendo que votar y no-votar sean alternativas igual de tristes la una que la otra.

viernes, 23 de abril de 2010

La derecha y su engaño (los enemigos de la sociedad) I


1. Introducción

Conservar valores y tradiciones es lo que muchos españoles tratan de conseguir cuando votan a opciones de derecha y en concreto al Partido Popular. Es evidente que algunos votan por coherencia con sus propios intereses pero está claro que se trata de una minoría y que el gran atractivo del fenómeno reside en entender porque tantos españoles y españolas de a pie optan por esta opción a todas luces contradictoria con sus intereses y sus valores.

Conservar es lo que los partidos de derechas proponen como medida dirigida a mantener la cohesión patria, pero veamos con detenimiento si eso es cierto, si ese principio fundamental se soporta. Los votantes al PP suelen estar aquejados por diferentes incertidumbres; la inmigración como factor desestabilizador cultural y económico, la inseguridad, la pérdida de tradiciones que creen esenciales como el matrimonio heterosexual, el desmembramiento de la familia como núcleo básico de la sociedad, la pérdida de valor del trabajo.

En esta recopilación de textos me propongo demostrar como, al contrario de lo que los votantes conservadores creen, el entorno conservador abanderado por el Partido Popular funciona como un ariete revolucionario desde hace décadas con el fin de acelerar los fenómenos que precisamente asustan a sus votantes. La gran paradoja es la de que los votantes conservadores dan su apoyo a su enemigo principal a causa de una tremebunda mezcla histórica de conceptos falseados y de un desconocimiento fundamental del funcionamiento del sistema social y económico en el que vivimos sumergidos.

2. La familia, un valor en peligro.

Mucha gente conservadora tiende a votar al Partido Popular porque ve peligrar uno de los referentes más importantes de su vida; el concepto clásico de familia, pero yo diría más, ve peligrar en esencia a la familia como unidad colectiva. Si echamos una mirada retrospectiva es cierto que los que tenemos una cierta edad podemos recordar aspectos positivos de la familia de hace 30 años atrás, evidentemente no todos pero si algunos. Después de 30 años de democracia los que hemos vivido todo el proceso y parte del tardofranquismo deberíamos ser capaces de hilvanar la madeja de efectos que hemos observado y que han conducido a la desintegración de la unidad familiar extensa e incluso de la unidad familiar directa. Deberíamos ser capaces de entender como esto sucede y en beneficio de quien, y quien sigue defendiendo los intereses de los destructores de la familia, para acabar reconociendo el valor de alternativas que dejan la hipocresía a un lado y posibilitan nuevas construcciones colectivas.

Resulta paradójico que personas que participaron inconscientemente en el proceso de desintegración de la familia clásica en sus inicios (años 60) marchando de sus ciudades de nacimiento o de sus pueblos por cuestiones económicas y sociales (para subsistir o para mejorar) ahora apoyen a quienes impulsaron aquel proceso en su inicio. La destrucción de la unidad familiar es uno de los mayores logros del capitalismo, de sus élites financieras y empresariales, porque facilita la depredación sobre el individuo. Cuando la familia extensa existía, aunque las experiencias personales son un mundo, endeudarse de forma estúpida era más difícil, porque había quien te aconsejaba o quien te ofrecía un apoyo alternativo dificultando tu caída en manos de los usureros.

La escalada del consumo también es más practicable con una individualidad exacerbada hasta lo patológico (pieza clave del capitalismo neoliberal) que con núcleos colectivos cohesionados. En España la idiotez del consumo por el consumo empezó durante el franquismo de los planes de estabilización, en la fase tecnocrática del Opus Dei. Eso no debería llevarnos a creer que tiempos anteriores del franquismo eran mejores, pues ha quedado demostrado que cualquier opción ultraderechista, fascista, nazi, falangista, no es mas que una maniobra defensiva de supervivencia del capitalismo salvaje. Por lo tanto el concepto de familia casposa patriarcal no es más que una antesala de su autodestrucción, ya que al estar invertebrada y carecer de autoridad real, al no tener sus bases asentadas en relaciones reales, su desintegración se produce de forma acelerada cuando, acabada la maniobra de coartada y exterminio político, le sucede al proyecto fascista la verdadera meta oculta; el verdadero proyecto capitalista salvaje. Los falangistas deberían recordar quien les perdonó la vida cuando acabó la segunda guerra mundial y porque motivos.

Así pues, en tiempos de Franco, se inició la desintegración familiar, ya que esa unidad no era más que un estorbo para las ansias de depredadores financieros y empresariales. ¡Cuanta gente tuvo que alejarse de su familia y emigrar para buscarse la vida o para “mejorar”! ¿Cual era el significado de ese “mejorar”? Por lo tanto pensar que el Partido Popular es garante de la familia como unidad de cohesión es un error garrafal, pues ellos, emparentados directamente con el franquismo tardío, han contribuido activamente a su destrucción desde hace mucho tiempo. El último periodo claro es el de gobierno de Aznar, un periodo en el cual el endeudamiento de los españoles aumentó gigantescamente, en el cual las hipotecas de alto riesgo se otorgaban con absoluta felicidad, y en el que el ministro de economía del momento y el propio Aznar se vanagloriaban de que en España casi todos los ciudadanos eran “propietarios”. Propietarios de una deuda cada vez mayor, evidentemente. No contentos con la destrucción de la unidad familiar clásica los llamados conservadores (en realidad vemos que son peligrosos revolucionarios) han venido a poner palos a las ruedas en el proceso de construcción de nuevas unidades familiares; parejas de hecho, parejas de personas del mismo sexo, familias de españoles e inmigrantes. Cualquier alternativa abierta es enemiga de su concepción y lo único que les interesa es el raquítico núcleo que queda de la familia clásica rígida, sin bisagras, para que no pueda proyectarse hacía una solidez que los tiempos actuales exigen para hacer frente a la depredación empresarial y financiera que nos sume en el endeudamiento y en el paro.

Así pues tenemos que cuando los votantes conservadores votan al PP votan a favor de la destrucción acelerada de la unidad familiar clásica y de cualquier propuesta alternativa nueva. Y esto es algo que debería ser fácil de entender incluso sin tener en cuenta el pasado, pues cuando el PP y su propuesta neoliberal propugna un mundo fundamentado en el lema de “cada palo aguante su vela” está propugnando un mundo en el cual ninguna solidaridad es posible, tampoco la familiar. Este es el típico asuntos que los votantes conservadores de buena fe sobreentienden erróneamente, pues ellos creen que cuando el discurso neoliberal propone su “sálvese quien pueda” no se refiere a la familia, es una paradoja que expresa su máximo contraste con su propia praxis, pues luego en su vida cotidiana, dichos ciudadanos, son solidarios con sus hijos, nietos, sobrinos e incluso con gente que no pertenece a la familia. No comprenden que el interés de los “conservadores” es continuar su revolución capitalista precarizando cualquier unidad colectiva que pueda ofrecer alternativas solidarias al totalitarismo impuesto por los “mercados”.

(continuará)